Mi propuesta de hoy es especial y diferente.
Le compro tomates a un señor del pueblo
que tiene un huerto, y éste verano (2023), me indicó como hacer conservas, así que me puse a ello y, aunque parece fácil, tiene su faenilla. No compré botes, aproveché los que ya tenía en casa, me aseguré de dejarlos bien limpios y secos. Hay quien los estiriliza, pero no lo veo necesario.
Comenzamos lavando los tomates, le
quitamos el cáliz (la parte que está unido a la planta), hacemos un corte en
cruz y los escalfamos en agua hirviendo un minuto.
Los dejamos enfriar, y una vez fríos los
pelamos.
Los he conservado a trozos, así que los
voy partiendo en trozos, los limpio de pepitas lo que puedo, y los voy
introduciendo en los botes, poco a poco, Tiene que estar muy apretado y hasta
arriba del todo, así que vamos apretando con los dedos, con cuidado de que no
quede aire.
Ahora tenemos que hervir los botes en una olla, y que el agua los llegue a cubrir del todo, lo que viene a ser “al Baño María”, Se dejan hervir unos 25-30 minutos.
Pasado este tiempo se dejan enfriar, y una vez fríos se intentan abrir y si alguno se abre fácilmente no sirve, significa que no ha hecho bien el vacío. A veces puede ser por la tapa que esté mal. Han de costar de abrir como los que compramos en las tiendas.
Los demás ya se pueden guardar sin fecha de caducidad.
A mí me fallaron dos botes, al final bien me quedaron estos, para ser la primera vez no está nada mal.
Ya puedo disfrutar de tomates buenos en invierno, que, al no ser la época, no suelen estar muy sabrosos.
También se pueden hacer enteros o en salsa de tomate.





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